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sábado, 19 de dezembro de 2009

Genaux vs Bartoli - II



As comparações não cessam... mas o Barroco, na sua expressão mais ousada e pirotécnica, parece-me melhor servido por La Bartoli. Pelo menos, a avaliar por este magnífico artigo, tão criativo e literário, a propósito da actuação de Cecilia Bartoli, no Palau de Valência:

«Respira este espectáculo que la mezzosoprano Cecilia Bartoli lleva de gira para promocionar su nuevo disco (Sacrificium, Decca) y que el jueves recaló en el Palau de la Música. Respira por todos sus poros, que son muchos poros. El barroco es poroso.

Respira arrojo y valentía. Hay que estar muy seguro de uno mismo para salir vestido de mosquetero e irse despojando hasta quedar en mangas de camisa (con chorreras), conforme las arias que vas cantando pasan del ardor guerrero al lamento pastoril. Si alguien tiene el temperamento dramático para afrontar semejante envite es Cecilia Bartoli. En la segunda parte viste de mujer, pero sin haberse apeado de las botas de montar. El barroco es ambiguo.

Respira el programa, la manera milimétrica en que está organizado. Bartoli ofrece una antología personal del repertorio barroco napolitano para contralto, con una incursión a Venecia (Antonio Caldara) y otra, sorprendente, a Berlín (Carl Heinrich Graun). ¿Qué muestra en este viaje? Pues una completa tipología de arias dramáticas para contralto: arias heroicas, de furor o de caza; arias en stile imitativo, donde aparecen por sorpresa el ruiseñor y la mariposa; arias de lamento, de partida, de piedad, etcétera. Variedad sazonada de joyas como Parto, ti lascio, o cara, de Niccolò Porpora, o Cadrò, ma qual si mira, de Francesco Araia. Para cada una encuentra Bartoli el registro más ajustado. El barroco es contraste.

Respira, y mucho, Il Giardino Armonico, una veintena de músicos con instrumentos originales -sensacionales trompas sin pistones- a las órdenes de Giovanni Antonini, quien también asume funciones de flautista solista. Un punto histriónico, es cierto, pero ¿puede exigírsele que reprima el impulso cuando Bartoli ha desatado el tifón?

Y desde luego respira la voz de Cecilia Bartoli, prodigio de agilidades, de fuerza, de expresión arrolladora. Trinos en pianissimo, saltos interválicos de vértigo, tiempos llevados al límite del paroxismo, notas de adorno torrenciales, cambios de registro teatralmente forzados, apoyos extraordinariamente medidos. Ése era el show-businness de los castrados en la Italia del siglo XVIII, hombres de circo que sorteaban todo tipo de obstáculos con la voz y que gozaron de una enorme reputación hasta que la dolorosa práctica se fue extinguiendo a lo largo del XIX y acabó con la prohibición vaticana de principios del XX. Pero la mirada de Cecilia Bartoli sobre ellos no sólo es amena, sino también crítica: ha investigado en la vida de esos personajes y llega a sus propias conclusiones. El barroco es un estilo de matices, se precisa una técnica muy amplia para afrontarlo.

Y finalmente respiró, entusiasmado, el público que llenó el Palau. Fuera de programa, cantó Cecilia Bartoli Lascia la spina, de Händel, y los alientos quedaron en suspenso hasta que llegó otra aria de fuegos artificiales de Riccardo Broschi y fueLink el delirio. En ese tramo final del concierto Bartoli incorporó incluso plumas de marabú: sin ellas, en efecto, no se entiende el mundo de los castrados. El barroco es así de deslumbrante.»

Contudo, manda a prudência, aguardemos pela chegada do registo vivaldiano de Vivica Genaux, Pyrotechnics. Então, veremos se a minha impressão se confirma, ou não!

«Ne serait Mozart qu'elle a très peu chanté - "Je n'y serais pas meilleure que bien d'autres, alors pourquoi ?" -, la carrière de Vivica Genaux ressemble à celle de son illustre aînée, Cecilia Bartoli. Même goût pour les grands rôles de mezzos rossiniens (Le Barbier de Séville, Cendrillon, L'Italienne à Alger), pour les travestis de l'opéra baroque (Haendel, Vivaldi). Même volupté à chanter le répertoire pyrotechnique des castrats (Broschi, Porpora, Giacomelli). Même envie de ramener à l'air libre des musiques oubliées (Hasse). "J'ai toujours eu une grande facilité pour les vocalises, confie-t-elle. Pour moi, c'est très proche de l'improvisation en jazz et de la haute couture. Et puis il y a le côté virtuose, qui est grisant. C'est comme conduire une voiture de course à toute vitesse sur l'autoroute en se disant qu'il ne faudra pas rater la sortie !"»

segunda-feira, 9 de novembro de 2009

Os Troianos de Valência


(ensaio geral de Os Troianos, Valência - Palau de les Arts, Novembro de 2009)

O "dedinho" dos catalães La Fura dels Baus nunca me levou à certa. Será a vertente iconoclasta dos senhores a que mais me repugna. Às vezes, acho-os pouco mais que crus ou primitivos.

Em matéria de encenação operática, os La Fura têm feito história, reconheço: La Damnation de Faust (Salzburgo) e Der Ring (Valência).

No Palau de les Arts de Valência, Berlioz foi levado à cena pelos catalães e dirigido por Gergiev. Eis a crítica deste Os Troianos:

«Valencia apuesta por la operascope, el espectáculo de gran formato, acorde con el gigantismo de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. A la Tetralogía wagneriana del verano ha seguido ahora el estreno de Los troyanos, inaugurando la tercera temporada del ovni que Calatrava plantó en el lecho del Turia. De nuevo para dirigir este montaje se ha recurrido a la más galáctica de nuestras compañías, La Fura dels Baus, sección Carlus Pedrissa, que está que se sale de la estratosfera: próximamente tiene cita en la Scala con un Tannhäuser dirigido por Mehta. Es decir, que el gran formato no es una exclusiva valenciana, sino una estrategia de mercado: cada vez más los montajes líricos nacen digitalizados para su posterior comercialización en las pantallas. Lo cual es legítimo siempre que no se ahogue el directo en la sopa tecnológica.

La traslación de la Eneida berliozana al mundo de la astronáutica no crea mayores problemas: finalmente las epopeyas antiguas y las de la ciencia-ficción se tocan en la común distancia del presente. Pero siendo el espacio, de 2001 a Alien, el principal referente estético, no es el único: hay también mucha alusión a la pantalla de ordenador, al cómic y hasta a los muñequitos de Playmobil. La obra permite esta operación, pues está concebida como una sucesión de números cerrados, muy al gusto de la grand opéra de mediados del XIX. Arias, dúos, tríos, quintetos, octetos, enormes escenas corales, interludios orquestales, cuadros coreográficos: no hay combinación que se le resista al gran orquestador Berlioz, superior a Wagner en esto, aunque ciertamente inferior como compositor dramático. El tercer acto de Los troyanos pega un bajonazo obvio y el montaje se resiente de la deficiencia estructural: hay cuadros de una enorme intensidad y belleza, como el de la matanza de las mujeres troyanas o el del palacio de Dido, que recuerda a un acelerador de partículas, junto con otros más discutibles, como el campamento de tiendas Decathlon de los troyanos o unos números coreográficos francamente pobres. Pedrissa provocó alguna contestación al final. Poca cosa, pues a esa hora, pasada la una de la madrugada, se habían registrado notables deserciones en la sala.